Hay una frase que tiene su versión en muchos pueblos y culturas distintas a través de los siglos. Es curioso, como si a pesar de las muchas diferencias que el ser humano y sus civilizaciones puedan haber tenido y seguir teniendo, determinadas ideas son inmutables en su esencia. La frase reza: "donde hay una voluntad, hay un camino".
No recuerdo exactamente cuándo esa frase apareció en mi vida y la sensación es que ha estado ahí siempre. La sensación, como muchas otras, puede no ser más que la historia que me gusta contarme.
Pero lo que es innegable es que creo ciegamente en esa idea: en que la voluntad abre caminos, posibilidades y mundos allá donde la desesperanza y el miedo cierran libros y terminan historias.
No creo que esta sea una idea fácil de llevar a la práctica, ni creo que sea para todo el mundo. Todavía vivo queriendo hacerme digno de ella. Y es curioso, porque recuerdo que muchas veces las personas de mi entorno más íntimo me han dicho, entre la broma y la advertencia, que soy un cabezota que no sabe cuándo hay que rendirse.
Pero no se trata de eso: no se trata de perseguir caminos y posibilidades dañinas contra toda lógica y contra toda adversidad. No hablo de empeñarse en perseguir quimeras que puedan destruir o matar el espíritu. Hablo de aprender a ver más allá, de conocerse a uno mismo, de respetarse, de saber qué es lo que quieres y trabajar en ello pese a cualquier dificultad. Hablo de saber qué caminos merecen la pena, qué historias son dignas de continuar escribiéndose. Y también de saber que cada uno solo puede responsabilizarse de su propio camino.
Yo conozco el mío y estoy comprometido a caminarlo, un trecho cada día. ¿Una confesión? Hay trechos, por muy justos y valiosos que sean, que se hacen muy difíciles. Pero también me hacen sentir que cada dificultad tiene su propósito y que para que ciertos caminos puedan entrecruzarse y enriquecerse, es necesario haber aprendido de las jornadas más duras.
miércoles, 2 de diciembre de 2020
Caminos
viernes, 27 de noviembre de 2020
And I, you
(...)
- I love you.
martes, 17 de noviembre de 2020
Oceanos de Tiempo
El sol brillaba inusualmente cálido aquella mañana de Otoño.
Él caminaba haciendo crepitar a su paso las hojas caídas. Sentía en la piel la agradable sensación de tibieza que tanto echaba de menos en los días grises y dejó que en su cara se ensanchase una sonrisa amplia, de esas que le arrugaban la cara.
Llegó al sitio acordado y eligió una mesa que tenía el diseño de las sombras de las ramas de los árboles vecinos y los rayos de luz que se filtraban a través. Se sentó y vio que ella estaba llegando casi a la vez.
Se sentaron observando la distancia de seguridad y cuando se quitaron las mascarillas, ambos descubrieron que el otro también sonreía. Pidieron refrescos: una CocaCola light ella, una Zero él.
- Iba caminando por la calle y miraba los edificios y pensaba...¿cuándo hemos dejado que pase tanto tiempo? -reflexionó ella después de su primer sorbo.
- Quince años -repitió él despacio, como queriendo sentir el peso de las palabras- Quince años...
- Sí, recuerdo cosas parecidas. Aquí, en esta misma calle... y luego la vida siguió. Y parece que sí tenía mucho sentido. Nada ha sido como lo esperaba. ¿Será que tenia falta de imaginación?
- Creo que es parte del encanto de vivir: te pasas días angustiada para que todo salga como lo tienes planeado y luego nada sale como querías. Y te despiertas un día pensando que todo es mucho mejor de lo que podías haber soñado. Que la felicidad es ahora, que no necesitas nada más.
- Nah... no diría tanto. Pero a veces me siento mayor. Me sorprendo dándome cuenta de que hay experiencias y cosas que siempre pensaba que querría y ahora me parecen más prescindibles. O que tienen su lugar, y que es más pequeño de lo que calculaba. Me siento distinto al chaval que iba por esta calle arriba y abajo hace tantos años.
- Sí, yo también me siento distinta. Todo ha cambiado.
- Hay cosas que no han cambiado...
-¿Sabes? Me ha venido una frase a la cabeza. De una película. -volvió a hablar él- La volví a ver... no importa. El caso es que una frase se me quedó clavada, no me había fijado antes en ella. Decía algo así como que... “El amor es lo único que somos capaces de percibir que trasciende las dimensiones del tiempo y del espacio”.
- No sé si la física cuántica funciona realmente así, pero me gusta pensar que sí.
- Pero la guardas. Sé que aún la guardas.
Así siguió la mañana. Los refrescos dieron paso a un paseo, las calles cambiaron y las risas y los recuerdos siguieron desfilando. Y cuando se despidieron y cuando la vio marchar, pensó en todas las cosas que siempre había dado por supuesto acerca de cómo sería su vida.
Pero con el paso del tiempo, en el transcurso del navegar, hay algo que perdura y que trasciende a los sentimientos, a las palabras dichas y a las que se callaron. Ese algo es lo que realmente importa y que merece la pena atesorar. Es algo más tangible, más ineludible y más inmutable que los juramentos que afirman poder resistir océanos de tiempo. Algo en lo que no cabe el ego, el sufrimiento, el rencor o la amargura.
domingo, 15 de noviembre de 2020
Hacia las estrellas
Anoche miraba el cielo estrellado de Valencia. Quizá una de los efectos positivos de un toque de queda es que a partir de cierta hora ya no hay coches. Menos coches es menos contaminación, menos luces. Y eso significa más estrellas asomándose en el cielo estrellado.
A los pocos segundos pude ver con claridad la figura inconfundible para mí de Orión, el gran Cazador. Lo recuerdo ahora y pienso que lo más natural habría sido que a mi cabeza hubiera acudido la canción "Llamando a la Tierra" de M-Clan, simplemente porque nombran el cielo de Orión. Pero en ese momento en mi mente empezó a resonar otra melodía, una que llevaba años sin escuchar.
Era la música de una película de mi infancia, la historia de un cazador de dragones y un sabio dragón de voz inolvidable. Una música de orquesta, una melodía de cuerdas y vientos, de voces y tambores, entre la dulzura y la épica. Una melodía de redención.
Traté de hacer una foto de aquel momento y por un impulso sin sentido sentí la necesidad de compartirlo. Pero el recuerdo que quise crear no hacía justicia a lo que estaba pasando dentro de mi. No es eso lo que necesitaba, lo supe en seguida. No era eso lo que quería compartir. Pero lo dejé estar y sólo seguí allí un rato más, mirando a Orion y escuchando aquella música.
Hay muchas cosas que no entiendo en los últimos tiempos, muchas preguntas sin respuesta. Y empiezo a aceptar que no todas las preguntas deben tener una; o que las respuestas que ansiamos no son lo que realmente necesitamos.
En aquellos momentos de la noche sentí que al margen de lo que estoy aprendiendo de mí mismo y de lo que aún ignoro, al margen de lo que he decidido que quiero construir para mi vida, lo único que tenía era ese momento exacto, esas estrellas, esa música. Y que eso es lo único que importaba vivir: ese preciso instante, todas esas sensaciones intensas, todas esas dudas y todas esas certezas arremolinándose dentro de mi, golpeando con fuerza mi pecho, apretando mi mandíbula, deslizándose hacia afuera en un rastro casi invisible.
jueves, 12 de noviembre de 2020
Trampas al Solitario
Soy una persona que cuando duda del funcionamiento de algo, corre a buscar un manual de instrucciones. Leer sobre un problema o sobre una situación desconocida me hace sentir que empiezo a dominarlo, que ya lo entiendo. Que ya sé lo que pasa. Por eso quizá muchas veces encadeno una lectura a otra, y otra y otra, pensando inconscientemente que cuanta más información caiga en mi cerebro, mejor se me dará dominar una situación concreta.
Quizá por eso cada vez más leo sobre los temas que me inquietan; leo todo lo que puedo sobre ello, busco distintos ángulos, distintas fuentes; escribo sobre lo que aprendo, reflexiono. Y ya siento que lo he aprendido. Que esos nuevos conceptos, que esa nueva información ya están afianzados en mi cabeza. Sólo porque ya sé que están ahí, que existen.
Aprender es llevar a la acción, que la teoría y los conceptos formen parte de la vida, del día a día, de las elecciones personales, los pensamientos y las acciones.
Saber está muy bien. Hacer algo con lo que sabes, que marque la diferencia, que sus efectos sean palpables en tu vida, es otro nivel.
Por eso hoy creo que a veces conviene dejar los libros a un lado. Y vivir.
sábado, 31 de octubre de 2020
Saint Swithin's Day
Es parte de mi esencia, y la esencia no puede cambiarse. Y parte de la mía es hacer algunas estupideces bienintencionadas; o esperar lo mejor de las personas; o emocionarme con unas notas y una historia; o escribir palabras como quien predica en el desierto; o aprender muy... muy... muy... lento.
viernes, 30 de octubre de 2020
Añoranzas
Echo de menos llevarla detrás, abrazada a mí en la moto y que me recuerde que se sabe mil veces mejor que yo las reglas de circulación. Que me recuerde que, bueno, que puedo pasarme un poquito de cincuenta en poblado pero que setenta es demasiado.
Echo de menos su carilla de sorpresa si la iba a buscar de improviso o si le llevaba una barra de chocolate blanco. Echo de menos la cada vez más difícil búsqueda de Conguitos Blancos para provocar esos ojos desorbitándose y la curva de sus labios explotar en una sonrisa. Qué barato me salía.
Echo de menos ver una serie o una película con ella, apretada contra mí o en la distancia, enganchados a historias de amor a través de los siglos o a la investigación del más brillante detective. Echo de menos intentar engancharnos a una serie nueva. Echo de menos ver con ella esas sitcoms que ella pensaba que no me gustaban, pero que para mi eran más de lo que ella podía suponer. Echo de menos reírme por dentro cuando ella decía todos los diálogos de una película de Disney al ritmo de los personajes.
Así estoy, extrañando muy fuerte todo lo que fue con ella. Porque fue real y porque fui feliz. Claro que recuerdo todo lo que no echo de menos. Claro que sé que en mis manos solo estaba mi cincuenta por ciento. También sé que no la necesito para estar completo, aunque a veces sienta que no me será posible. Sé que ella tampoco me necesita a mí: que será feliz, que seguirá su camino y sonreirá y cantará. Lo sé, lo sé. Sé lo que dicen los poetas sobre el olvido y también sé lo que dicen los expertos sobre las relaciones.
Ya no está a mi alcance. No puedo desandar lo andado. La respuesta, el camino, la vida... está delante de mí. Necesito paciencia y nunca fue lo mío, pero supongo que nunca es tarde para aprender a tenerla. Mientras tanto acepto que sólo soy humano y que siento. Y me permito echar de menos. Siempre hay resignación en toda aceptación, ¿no?
Allá adelante veo unas colinas. Veamos qué hay detrás.