lunes, 3 de mayo de 2010

3 de mayo, un año después...

Un año después, me doy cuenta de que ha pasado más de un año. Me doy cuenta de muchas, muchas cosas. Recuerdo errores, despistes, cambios, cosas que no eran tan importantes, miedos, palabras que hirieron, silencios que no deberían haber sido, lágrimas que sobraban, otras que hacían falta...

Y también noches maravillosas, mediodías soleados aun cuando las nubes eran más que grises, mañanas de sueño y alegría, cenas divertidas, bromas absurdas, mundos nuevos, ilusiones, sueños, confidencias al oído, abrazos fuertotes, besos tiernos, risas, películas, canciones, libros, parques, caricias, miradas infinitas, promesas dichas en voz alta, otras calladas... tantas y tantas cosas...

Y si queremos, si de verdad queremos... puede que todo no haya hecho más que empezar. Puede que todo sea mejor de lo que nunca soñamos. Cerrando algunas puertas, abriendo otras nuevas, nos encontraremos con muchos meses por nombrar, muchas cosas nuevas que vivir juntos, matices en la vida y en nosotros mismos por descubrir.

Juntos podemos. Y más de 365 dias después, aun te tiendo la mano, deseando que la tomes. Para ti.

sábado, 17 de abril de 2010

Tu cumpleaños

Sam Keen escribió una vez: "Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta."

A pesar de todo, de las cosas que escapan a nuestro control, a pesar de que llueva... hoy es tu cumpleaños. 22 años.

Desde hace tiempo, ya varios años, me preguntaba porqué un día al año me compran tarta, velas, la gente a la que quiero se reúne en torno a mi y acaban cantándome una canción algo repetitiva. Hace ya tiempo que debería ser a revés... yo tendría que felicitar a esa gente por las cosas que me ha dado, por las que me ha enseñado durante todo ese tiempo... por todo.

Y a veces llego a la conclusión de que esa celebración de una vez al año (que no es más importante cuanto más fastuosa es, ni mucho menos) tiene lugar porque, de alguna forma, toda esa gente se siente feliz de que el cumpleañero les incluya en su vida. Les gusta estar en ella. Y por eso celebran el día en que esa persona especial llegó al mundo. Hora arriba, hora abajo.

Y hoy es el tuyo. Y me alegro tanto de que estes en este mundo. Y hay tantas cosas que celebrar... tus sonrisas, tus bromas, tus abrazos, tus palabras de aliento, tu paciencia, tu cariño, tu generosidad, tu apoyo. Por todas esas cosas, me alegro de que nacieses hace 22 años. Hora arriba, hora abajo.

Feliz cumpleaños, Gloria.

domingo, 24 de enero de 2010

Apple story


En una verde pradera, en lo más alto de un frondoso manzano, vivía una manzana. Una no muy grande, pero hermosa a la vista y perfecta en su hechura.

Desde donde vivía, se podía ver todo el cielo sobre la tierra, pero poca tierra bajo el cielo. Si miraba para abajo, aquella manzana sólo podía ver decenas de manzanas pendiendo en las ramas del mismo árbol, y tan solo una porción de suelo, cubierto de algunos frutos que, por el viento o por la dejadez de alguien, yacían allí.


Desde que podía recordar, aquella manzana había visto caer a otras como ella, y también había visto gente. Gente que pasaba de largo, o gente que se agachaba a coger alguna fruta del suelo. También gente que alzaba la mano y cogía alguno de los frutos de las ramas más bajas. Y había sentido el cimbreo de su hogar cuando alguna de esas personas trataba de coger alguna de las manzanas más altas. A veces, una mano aparecía por entre las hojas y cogía una de las frutas cercanas a ella misma. Otras, después del movimiento de las ramas, había podido escuchar un estruendo como de un gran fardo cayendo contra el suelo, seguido de maldiciones entre dientes y pasos alejándose.

Alguna vez, incluso, había sentido como unos dedos la acariciaban y trataban de desprenderla de su alta rama. No sabía bien porque aun estaba allí colgada. Los días pasaban, cálidos algunos, helados otros, y el manzano seguía cargado de sus frutos. Y en lo más alto, aquella bonita manzana.


Un día, allá abajo, a lo lejos, apareció un campesino que caminaba hacia allí. Cuando se hubo acercado lo suficiente, la manzana vio como el labriego miraba hacia el suelo, donde reposaban y rodaban las frutas caídas. Pensó que cogería alguna de aquellas y seguiría su camino. Pero no. El campesino miraba hacia la copa del árbol. Desde donde estaba, ella no podía ver bien en que dirección miraba. Unos instantes después sintió el movimiento del árbol estremeciéndose con los torpes intentos de quien intenta asirse a las primeras ramas. Tras algunos intentos, parecía que el recién llegado había conseguido subir. En lo alto, ella podía oír el crujir de las ramas y el sonido de las hojas apartándose. Entonces la manzana pensó que quizá aquel extraño querría coger algún fruto de los que la rodeaban. Era lógico, porque desde donde estaba, solo podía ver el cielo azul sobre ella, y hojas y frutas algo más abajo. Alguna de aquellas sería la elegida. Pero un rostro y una mano aparecieron por entre el ramaje. A aquel labriego le estaba costando llegar: tenía el rostro perlado de sudor y enrojecido por el esfuerzo. Alargaba la mano, algo maltrecha por los arañazos que se habría hecho tratando de llegar a la copa. La mano sorteaba aquí y allá, y de pronto aquella bonita manzana lo sintió: las yemas de unos dedos temblorosos acariciando su piel, rodeándola poco a poco suavemente...



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Una mañana, un joven campesino llegó tras un largo camino a un prado en el que había un gran manzano. Se acercó a él, sin poder evitar mirar las decenas de frutas caídas, magulladas. Estaba cansado y hambriento, y se sintió tentado de coger alguna de aquellas. Después miró a lo alto, y divisó los mejores frutos. Y entre todos ellos, allá en lo alto, vio una manzana no muy grande, brillando al sol. Era un campesino, y había visto muchas frutas a lo largo de su vida, algunas realmente hermosas. Pero aquella le pareció la mejor de todas. Y entonces decidió que quería subir a lo alto de aquel árbol y tratar de conseguirla.